miércoles, 28 de mayo de 2008

Rutinas


Me gusta la rutina. No, mejor dicho, me gustan algunas rutinas, esas que repites mil veces pero que siguen siendo geniales. Esas que te hacen envidiarte a ti mismo. Ahí van algunas:

1. Los días de lluvia ponerme mis botas de agua, unas azules altas como de pescador, y pisar todos los charcos que pueda, salpicando. Me encanta no mojarme los pies. Me encanta ver cómo la gente sortea el agua y yo me meto dentro. Estar debajo del paraguas y dentro de mis botas y que todo alrededor esté húmedo, menos yo.


2. Coger la línea 1, y mirar por la ventana entre Iglesia y Bilbao, y ver la estación fantasma (se está convirtiendo en una especie de obsesión, lo sé). Y me sorprende que nadie más mire y se muera de ganas de estar ahí.


3. Por las mañanas salir de casa, ponerme música, la música de ir a trabajar (ya lo sabes, tengo una canción para cada momento), y andar hasta el metro. Me encanta cruzarme con la gente, toda tan limpia, tan recién duchada, tan dormida. Ver el atasco y yo seguir andando, sin prisa. Y lo mejor es cuando cojo todos los semáforos en verde. Madrid es precioso por las mañanas, parece que lo acabaran de terminar justo diez minutos antes de que yo llegara a la calle.


4. Me encanta la cascada artificial de Chamartín, esa que es como de Matrix, en el cruce de la línea 10 y la 1 (nunca lo había pensado, pero son las dos líneas azules, ¿será por eso que pusieron una cascada?). No puedo negarlo, he llegado a estar sentada delante dejando que pasasen metros, como hipnotizada con los leds que caen. Me encanta.


5. Mi rutina del fin de semana. Tomar algo en un bar, y a las cuatro ir al Sol. Bajar por Montera, girar en Jardines, encontrarme con una cola increíble, con gente amontonada en la puerta y saber que no voy a esperar ni diez segundos para entrar. Saludar a Ángel, contarnos las novedades de la semana, ver que todo sigue exactamente igual que el viernes pasado, y entrar. Y lo mejor de todo: bajar las escaleras, con la luz roja, con la música que cada vez se oye mejor. Coger una cerveza, encontrarme con J y O, y saber que mañana no trabajo.

2 comentarios:

  1. Lo expresaste tan lindo que creo que, lo que siempre odié, las rutinas, ¡ahora me gustan!
    Pero sólo las que me tienen como único y exclusivo participante en escena (¡nadie tiene el derecho de hablarle a uno cuando está disfrutando de su rutina!), una rutina que incorpora a otro ser humano, ya no es lo mismo.

    Manual para lograr romper rutinas
    Capítulo 1: Introducción
    Conviértase en un ser insoportable, concéntrese en arruinar rutinas. Por ejemplo, si usted sabe que a su amiga/o le encanta arrancar la mañana y salir caminando escuchando su tema para la ocasión, usted debe proponerle atomáticamente pasarla/o a buscar y acompañarlo las cuadras que compartan hasta el colectivo o el subte (si son todas el efecto será total). Si le responde que no, o usted nota alguna excusa frente a su propuesta de caminar juntos a la mañana, hágase el gil, y espérela/o en la esquina de la casa en donde vive y, como si de una casulidad se tratara, acóplesele y camine junto a ella/el hablando sin parar y haciendo los comentarios más inconsistentes. Repita esto todas las mañanas, absolutamente todas, si nota que quieren esquivarlo, no dude en pegar un grito del tipo: ¡hey! (con chiflada incluida si es necesario) hasta destruirle la rutina, logrando con esto borrar de su vida a esta persona.
    Si se cruza a esta persona directamente en el subte, y usted nota que, por casualidad, se apoya a la ventana y mira entre Iglesia y Bilbao, lo más probable es que se trate de una rutina, es decir, que disfrute de mirar, sin ser distraída/o la estación fantasma. Lo único que tiene que hacer es, unos segundos antes, es hablarle de cualquier cosa. Pero siempre cercanamente a la estación fantasma. Con el tiempo logrará que esta persona no tome más esa línea de subte.
    ¡Ah!
    Si, por ejemplo, usted quiere que no lo dejen entrar nunca más a algún lugar, por ejemplo un blog, haga comentarios aburridos como este, cada vez que se publique un post.

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  2. Jajaja... ¿Para suprimir los comentarios del blog qué es exactamente lo que hay que hacer?

    Ah... y deja de perseguirme, que empieza a parecerme sospechoso lo de que siempre haya alguien con gabardina y gafas de sol a las 7 de la mañana en mi portal.

    Un afectuoso (y distante) saludo

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