jueves, 18 de diciembre de 2008

Te estoy engañando...

Esto es una confesión. Sí, casi me duele más a mi que a tí. Y lo digo con lágrimas en los ojos. Bueno, ahora no se notan, pero he estado a punto de llorar en ocasiones al pensarlo.


Mira, no sé cómo decirlo. Qué se yo... la cosa empezó un poco como un juego. Ya lo sabes, eras lo primero para mi (eres, quiero decir, eres). Venía a verte cada día, te traía fotos, la música que te gustaba... esas pequeñas cosas entre tú y yo. Me gustaba que la gente nos relacionara, que al decir tu nombre, en el fondo estuvieran diciendo también el mío.


Pero ya te digo, empecé con la tontería de probar cosas distintas, solo un poquito, un poquito. La gente me había hablado de la sensación de novedad, la ilusión que hacía sentir otra vez esos nervios, el "¿tendré un mensajito?"... y caí. Lo que empezó como un juego me acabó absorbiendo... Ahora ya casi ni me acuerdo de ti.


Lo confieso: te estoy engañando, Blog, con el Facebook....




viernes, 7 de noviembre de 2008

En la calle



Yo y mi tendencia natural a la exageración.

Vale, no, no estoy en la calle, pero tengo que dejar mi piso. ¡Ohhh! Con lo que me gusta mi cuarto de semi-adolescente, el salón con las fotos de tíos buenos (verídico), las pelusas enormes del pasillo (que cada día se reproducen más rápido; cuando el cambio climático acabe con nosotros solo sobrevivirá una super-raza de humanos mutados con bolas de polvo gigantes, estoy segura… tiempo al tiempo –soy una visionaria, y lo sabéis-). Mi Mariano (que está de vacaciones en Canarias, por cierto, y le echo de menos cada día más). El cura del tercero. ¡Dios, no había caído! ¿Qué voy a hacer sin un cura en el edificio? He mirado en Idealista.com y no hay ninguna opción de búsqueda que incluya “clero en el inmueble”. El mundo está loco, a dónde iremos a parar… (cuando la super-raza de Hombres-Pelusa nos invada, seguro que evolucionaremos y tendremos más en cuenta la minoría religiosa que debería ser OBLIGATORIA en cualquier casa).

Pues eso, que me tengo que mudar. Mi compañera de piso se va a Japón (nada más y nada menos, bendita crisis), y yo no me veo como para hacer un casting de compañeros de piso (solo hay que ver los que se presentan a Gran Hermano). Me puede hacer gracia el papel de entrevistadora, pero lo de la convivencia… Así que me paso las tardes viendo casa tras casa. Mejor dicho, tugurio tras tugurio. Empiezo a entender el complicado lenguaje de los anuncios. Un par de ejemplos:

- “Bajo muy cuco” es un sótano con una especie de ventanuco que da a una calle (eso sí, puedes ver los pies de la gente), con dos mesitas de Ikea y un suelo que serviría igual para un garaje.
- “Estudio coqueto” es un armario más o menos grande (pero armario), con una mesita de Ikea. Tiene un sofá cama que tienes que montar cada noche, moviendo la mesita al cuarto de baño.
- “Piso completamente amueblado” es una casa que pertenecía a una pareja de 800 años, con muebles de antes de la guerra (carlista). Como museo, quizás; como casa, jamás.
- “Ático muy luminoso” es un desván, con una luz que te cagas, de la que solo puedes disfrutar tumbado, porque te das con el techo en todos los puntos de la casa (y para que yo me pegue coscorrones con la cabeza tiene que ser MUY bajo).

Y así sucesivamente…
Eso sí, en mi locura inmobiliaria, he visto un ático de 307 m2, en la Castellana. Quizás un poco grande para mí, pero necesito espacio. 3 dormitorios, 3 baños completos (genial, así decido dónde ducharme). Además, tiene una terracita de lo más mona. Se me va un pelín de presupuesto, pero al fin y al cabo, ¿qué son 9 MILLONES DE EUROS para una chica como yo?

Acabaré viviendo en un armario…

viernes, 24 de octubre de 2008

Casi sin tiempo...



Llevo varios día sin escribir. Pero por una razón de peso. No es por las interminables jornadas laborales a las que me veo sometida (sí, la palabra es sometida). Lo que me hace plantearme una duda: ¿no sería mejor repartir el trabajo, por eso de acabar con el paro, y dejar que el resto de la población pueda disfrutar también de las guardias de 24 horas? Con lo maravillosas que son… os lo recomiendo…).
No, tampoco tiene que ver con la práctica exhaustiva del deporte, tan común en mi (aunque igual si vuelvo al gimnasio se me rompe la espalda con el primer estiramiento).
Y por supuesto, no tiene que ver con la vida social. Ya sabéis todos que soy una chica recogida, y que resulta casi imposible convencerme para salir de casa, por no hablar de esa tendencia incomprensible de los jóvenes de reunirse en bares y discotecas…

El caso es que desde hace unos días me ha dicho varias veces que soy borde. ¡Yo! No seca, no tímida, no, BORDE. Increíble, pero cierto. Y más de una persona.

“¡Pero bueno! Si soy la dulzura personificada…” (pensé para mis adentros la primera vez que me lo dijeron).

“¡Increíble, nada más alejado de la realidad!” (pensé la segunda y la tercera vez), “con lo maja que soy”.

“¿Cómo?” le dije al cuarto, “¿estás hablando en serio?”. Y le puse cara de asco.

Supongo que con el quinto ya iba calentita de entrada. Vale, reconozco que igual se me fue un poco de las manos, y no venía a cuento lo de partirle la silla en la cabeza. De todas formas, para demostrarle que se equivocaba voy cada tarde a visitarle al hospital. No me reconoce. Ni a mi ni a la mayoría de la gente. De hecho, no se acuerda de su nombre y cree que estamos en 1992. Lo bueno es que está ilusionadísimo con las Olimpiadas de Barcelona (hoy le he dicho que igual consigo entradas para la final de 100 metros vallas).

Así que supongo que hasta que se recupere y pueda volver a andar seguiré llevándole flores y chocolatinas. En cuanto tenga más tiempo, vuelvo a escribir.

Y por cierto, sigo sin entender lo de borde. ¿Borde yo? ¡¿Lo dices en serio?!

lunes, 6 de octubre de 2008

Mis vocaciones no seguidas (erróneamente)



Son las 7:13 de la mañana. Ahora llevo, exactamente, 22 horas y 47 minutos trabajando. He dormido (por decirlo de alguna manera) 2 horas. Mejor dicho, he estado tumbada en semi-coma, en el cuarto de médicos, unas 2 horas. Y mientras, daba vueltas intentando huir del aire acondicionado (sorprendente, pero en el hospital mantienen una temperatura base de nevera todo el año que supongo que tiene como finalidad conservar a los pacientes, digo yo. Eso o crear un microclima en el que el único ser vivo que pueda proliferar sean los pingüinos -aunque teniendo en cuenta los bichos que te encuentras por los pasillos, parece que no se ha logrado del todo-).


El caso es que desde que me he levantado no puedo parar de pensar en todas las cosas que me gustaría ser, que no tienen NADA que ver con las guardias y los hospitales. Ahí van 3:


1. Floristera (igual esta palabra no existe). Sí, me veo claramente, en mi floristería, con mis plantitas, vendiendo centros de flores y macetas con plantas. Y recomendando "mira, en esta época del año los gladiolos se dan especialmente bien". Si es que es lo que realmente me pega...


2. Por supuesto un trabajo tan divertido de esos de documental, tipo "vivo en una guardería de elefantes en Kenia", o "crío orangutanes-bebé en Sudáfrica". Aunque solo sea por lo monos que son los animales... Igual la realidad no es tan bonita, pero me da igual, quiero vivir en África y darle el biberón a una jirafa. Lo veo clarísimo.


3. Bibliotecaria. Si es que había un 50% de posibilidades. O seguía la vocación paterna y me metía en el fascinante mundo de la medicina (error), o seguía la de mi madre. Era fácil, mitad y mitad. Pues elegí la mitad en la que hay que hacer guardias, lidiar con pacientes, llevar medias de compresión extra-fuerte para aguantar de pie, correr de un lado para otro, oír historias absurdas a horas en las que lo que hay que hacer es dormir (o estar de copas)... Con lo feliz que estaría yo, entre mis libros, tan ricamente. Sigo prefiriendo lo de los animales bebés y las flores... pero en mi próxima vida si tengo que elegir, ante la otra opción, me quedo con esta...


(Y no voy a decir nada de mi vocación real, la de verdad-verdad, la de "millonaria con todo el tiempo del mundo para hacer lo que quiera". Con el único estrés de "no sé si ir a jugar al polo esta tarde o coger el jet y ver Madama Butterfly en Viena" (en el caso hipotético de que haya alguien en el mundo que juegue al polo hoy en día). Mi madre dice que me aburriría. Yo le digo lo que siempre dice mi abuela, que "solo se aburren los tontos").

viernes, 26 de septiembre de 2008

Real como la vida misma

Esto no es mío, me lo acaban de mandar por mail... pero como estoy de guardia y me siento identificada, ahí va...

EL MANUAL DEL BUEN CARTILLERO: MODOS Y COSTUMBRES DE LOS PACIENTES QUE ACUDEN A UN SERVICIO DE URGENCIAS

1.- Utilice siempre que pueda el transporte público, o sea, la ambulancia

2.- Vaya siempre con la cartilla en la mano y muéstrela a todo el personal, sanitario o no, que se encuentre en el hospital.

3.- Comience a contar su historia clínica al personal de admisión.

4.- Cuando vea al personal clasificador en el triaje, primero le enseña la cartilla, cuando éste la rechace y le pregunte su nombre, no vocalice y dígalo lo más rápido posible. Procure no tener un nombre normal sino todo lo contrario (p.e. Margarito, Sandalio, Meteoro,Geodosio.....) Diga además la prueba que desea: TAS, electrograma,analís.......

5.- Ya en la sala de espera envíe a algún familiar a protestar porque lo suyo es una urgencia, está rabiando de dolor y otros que han llegado después, ya han pasado.

6.- Deberá indicar a cual de las tribus nativas de la Isla de León pertenece:
- ARAPAJOES ( arapajoé me hase una radiografía )
- POYAKES ( poyaque estoy aquí me hase una revisión completa )
- POYOASIS ( poyoasí no me llevo al agüelo)
- SIUX (siuxté lo dise dostó)
- PASOPAGO (usté matiende ahora mismo que yo pasopago)
- PIES NEGROS ( no hacen falta comentarios )

7.- Una vez en el BOX no empiece a desnudarse hasta que no vaya el médico, si éste fuera mujer pídale la cuña.

8.- No se lave ni se cambie de ropa. ¡¡Podría enmascarar el cuadro clínico!! Si decide incumplir ésta norma lavará sólo la zona afectada.

9.- Utilice ropa interior de grandes dimensiones: bragas submarinas,sostenes acorazados, fajas bunker....¡OJO! deberán llevar objetos metálicos para que queden reflejados fielmente en la radiografía.

10.- Entre en el BOX con 6 ó 7 familiares.Sin embargo, si el médico les necesita deberán estar en la cafetería todos.

11.- Los familiares no abandonarán el BOX hasta que el médico no se lo diga por tercera vez. Espere escuchando al otro lado de la cortina y participe asomándose en la historia contradiciendo lo que diga el paciente.

12.- Cuando le pidan informes entregue el cartón de control de la tensión y si lleva algún informe médico deberá llevar el más antiguo y ajado (como los buenos vinos cuanto más tiempo más solera)

13.- No traiga nunca consigo la medicación que toma en casa, dé una descripción física de las pastillas o de las cajas (color, tamaño,forma, presencia de rayicas....).Si cree que recuerda el nombre de algún fármaco, omita alguna sílabadel mismo o dé una aproximación ( p.e. colocati o locati, finitrina, cafitrinica, dalá o lalalá, potén, tigretón, glucón 5, wendolin, aspirina fluorescente, dolotil...)

14.- Su dolor será siempre continuo y en múltiples localizaciones.

15.- Utilice su idioma propio con términos únicos como: estogamo, emblema de pulmón, docto rino, hernia fiscal, gataratas, cuajarones, zancajos.....

16.- Cuando el médico le está auscultando no deje de hablar. Si le dice que respire hondo sólo realizará una inspiración profunda, evitando la espiración o haciéndola de forma disimulada.

17.- Cuando un segundo médico de rango o edad superior al primero le pregunte por su historia clínica, afírmele signos y síntomas que le negó al otro médico.

18.- Si por un casual, el gotero no cae o se está acabando, irá corriendo a avisar ¡la vida de su familiar está en peligro!..

19.- Evoque acontecimientos familiares ( bodas, bautizos,comuniones...) cuando se le pregunte por sus antecedentes patológicos, pidiendo confirmación a su familiar.

20.- Cuando vea al doctor con el sobre del alta preparado, explíquele síntomas que nada tengan que ver con su cuadro clínico.

21.- Nunca entenderá la pauta del tratamiento, por lo que deberá insistir a su médico para que le explique varias veces cómo ha detomar la medicación, vuelva con el familiar mas listo' para que elmédico se lo vuelva a explicar. Cuando ya se haya marchado, vuelva otra vez, y entre en el despacho de los médicos con el sobre en la mano para preguntar alguna tontería.

22.- Si su familiar tiene mas de 75 años, y sobre todo en verano, deberá negarse rotundamente a llevárselo (signo característico de latribu POYOASI ). Si a pesar de insistir que el abuelo/a ayer estaba bien, no consiguen que quede ingresado, exijan al médico que les consiga una residencia de ancianos gratuita para el abuelo/a, a pesar de que le quieren mucho.

23.- Sea cual sea su estado general, o la gravedad de su patología, exija una ambulancia para volver a casa.

24.- Cuando coja el ascensor para bajar a cualquier planta, entre a pesar de que le digan que va hacia arriba y grite en voz alta 'que todo lo que sube baja'.

lunes, 15 de septiembre de 2008

El Ganges...

Os escribo con un poco mas de calma, desde Vanarasi/Benares. Mucho me temo que ni Claket ni yo vamos a volver a Madrid en plan "que fuerte, tia, la India cambio mi vida!", pero a las dos nos esta encantando esta ciudad.

Llegamos ayer al atardecer, despues de un vuelo de 1 hora en una compania que se llama Kingfisher (igual que la cerveza de aqui, curiosamente) y de un trayecto de 1 hora tambien en coche (el conductor tocaba el claxon constantemente... es decir, del total de una hora de trayecto estuvimos en silencio algo asi como 7 minutos. No exagero).

Dicen que Vanarasi impresiona por sus leprosos en las calles (tampoco hay tantos), los crios pidiendo (es verdad, pero en todas las ciudades donde hemos estado ocurre esto), las vacas (aunque a mi me sorprendian mas las vacas que cruzan la autopista tan tranquilas), la suciedad (igual yo empiezo a ir tan sucia que ya ni me llama la atencion)... A nosotras nos impresiono la vista del Ganges, nada mas llegar, con el sol poniendose y la luna justo en frente, llena, amarilla, reflejandose en el agua. Una maravilla.

Recorrimos los Ghats (las escalinatas por las que los hindues bajan al rio a lavarse, hacer la colada, coger agua para sus cosas, etc). Por la noche hacen una ceremonia con monjes, musica, fuego, incienso... todo muy curioso. Los hindues aplauden, luego levantan las manos. Impresionante. Realmente impresionante.

Cenamos prontito (una pizza, hartas de comer cosas picantes que no entendemos, y que no nos quitan el hambre de verdad), y a la cama a dormir.

Hoy nos levantamos pronto (y tan pronto, a las 5 de la morning estabamos en pie), para ver amanecer desde una barca en el rio. El dia anterior, entre la puesta de sol y la oscuridad, el Ganges parecia un rio marron y punto. A la luz del dia se veia que ademas de marron por el barro, es marron por la cantidad de mierda que va disuelta en el agua (mama, no puedo ponerlo de otra manera, porque no es solo "caca", tambien es "porqueria", "plasticos", "despojos"... en definitiva, mierda). Pues ahi van los indios, se meten, se lavan la cara, se enjuagan la boca, se lavan los dientes con un palito (veridico). Una experiencia para nosotras, educadas en la higiene (o por lo menos, educadas que en el agua donde se tiran los cadaveres de las vacas no se lava uno los dientes). Yo no he tocado ni la superficie, pero Claket, en un alarde de integracion con la poblacion indigena, ha metido la punta de un dedito (inmediatamente despues se ha echado desinfectante en el dedo. Somos asi).

Despues nos hemos ido a desayunar (mmmm) para coger fuerzas para el crematorio. Suena raro, asi dicho. En uno de los Ghats, se realizan las cremaciones de los muertos, en piras funerarias. Bajan a sus muertos cubiertos de telas (blancas los hombres y rosas las mujeres), los mojan en el Ganges y los queman despues. Dejan algunos trozos para que la Madre Ganges vuelva a tenerles con ella (aunque su espiritu ya se encuentra en el Nirvana). Esto tan asquerosito nos lo ha contado un senor con dientes negros que hacia de guia espontaneo. Impresionante. Desde donde estabamos nosotras llegaban vaharadas de humo, lo cual impresionaba todavia mas.

Hay cinco casos en los que no se quema a alguien:
1. Las embarazadas.
2. Ninos de menos de 10 years.
3. Sharus (los santones)
4. Animales sagrados (vacas)
5. Los que han muerto mordidos por una cobra.

Es tremendo. El tipo nos iba contanto las diferentes razones de cada cosa, y que se hacia con unos y con otros (modelo "se les ata una piedra, y para el fondo", modelo "una camita de hojas, y con la corriente" etc). Claket, claramente preocupada por lo de las cobras, le ha preguntado al senor si habia cobras. "Muchisimas", ha dicho el. "En la ciudad?". "Pues tambien, pero como son protegidas por el Dios Shiva, no muerden a la gente, porque Shiva tambien nos protege a nosotros, asi que no os preocupeis". "Ahhhhh....". Cara de preocupacion. A todo esto, vemos como estan montando una camita de hojas, con cadaver incluido, en una barca. "Y a ese no se le quema? Por que?". "Ese se murio porque le mordio una cobra". "Ahahhhh".

Asi es India.

Besos a todos!!!

sábado, 13 de septiembre de 2008

Estamos bien...

No se si os habreis enterado de la bomba de Delhi de hoy (posiblemente si, pero como aqui estamos como apartadas del mundo civilizado....). Estamos bien (ni siquiera estamos cerca de Delhi).

Un beso a todos.

(Hoy hemos estado en el Taj Mahal... el mayor edificio construido por amor...)

viernes, 12 de septiembre de 2008

Mas sobre Suri...

Aunque me expongo a que mi madre piense que soy una bruja, voy a seguir contando cosas de Suri, porque sin ninguna duda, es lo mas fascinante del viaje. Por cierto, seguimos en Jaipur. Hemos estado andando todo el dia por la Ciudad Vieja, que es como hacer un viaje a la Edad Media del Futuro: callejones estrechos, con las alcantarillas abiertas, fango, charcos (lo normal despues de un chaparron), vacas, motos, mas motos, mas vacas, tiendas de cordeles, de telas, de bolsas de plastico (si, si, de bolsas de plastico), de televisiones modelo anos 50' (repito: me faltan tildes y algunas letras fundamentales en la lengua castellana)... una pasada. Y de pronto, un templo, con unos tipos con barbas larguisimas tocando, otro ancianito preparando unas judias verdes y una familia de monos saltando por el tejado (Claket casi se muere de un infarto). Mas vacas, mas charcos, los pies negros (negros, negros de verdad), mas motos... Me encanta.

A lo que iba: Suri. No es mentiroso, es de imaginacion relajada. Y de poca memoria. Tiene una serie de trolas que nos va contando segun le apetece, y que por supuesto olvida segun las dice. A Claket en el fondo le hacen gracia. A mi me matan. Las treinta primeras, pase. Entre su surtido de mentiras estan las siguientes (no las he ordenado ni por frecuencia ni por mis favoritas, pero ahi van):

1. (Reconozco que esta si que esta entre mis favoritas) Cuando llegamos a una ciudad, le decimos que nos lleve a un hotel. Evidentemente, el no quiere, porque prefiere llevarnos al de sus amigos (que le dan comision, o le dejan dormir ahi, o vete tu a saber). Asi que para convencernos, nos dice (en TODAS las ciudades en las que hemos estado): "Sorry, no cars in the city". Vamos, que no pueden entrar los coches. MENTIRA. Lo sabemos. Lo sabe. Nos acaba metiendo en todas las ciudades (incluso en las que deberia estar prohibido que entrasen los coches). Luego le decimos "See? Cars possible" (mi nivel de ingles a estas alturas del viaje es el de un nino de 7 years, que le vamos a hacer). El no dice nada. Al dia siguiente, vuelve a lo mismo "sorry, no cars in this city". Agotador.

2. Hoy, nos ha dejado en la ciudad vieja. Debia de tener sus planes por ahi, porque pretendia que nos cogieramos un taxi para volver al hotel (como? contratamos a un conductor que nos sugiere que nos cojamos un taxi? En fin). Le decimos que le llamamos al movil cuando terminemos. Nos dice "sorry, no battery". De acuerdo. Quedamos a las ocho y media. Le llamamos al movil a las seis y da tono. Tiene bateria. No nos coge el telefono. Llega a las ocho y media y en el trayecto de la ciudad al hotel (quince minutos) recibe 2 llamadas (a las que contesta largo y tendido) y escribe 1 mensaje. Yo le miraba sin creermelo.

Y podria seguir y seguir... pero tengo que irme!!

Manana viajamos a Agra (Taj Majal), y el domingo a Vanarasi/Benares. Os ire contando.

(Mama, no te preocupes que me porto bien con Suri. Ya canto abiertamente sus canciones indias por la calle, y creo que en un par de dias hasta podriamos montarnos un duo musical Claket y yo. De hecho, ella ha confesado hoy que va a bajarse el Cd maldito en cuanto llegue a Madrid... que tiemble Spain!!).

jueves, 11 de septiembre de 2008

Desde Jaipur

Asi, en resumidas cuentas, la ultima semana (sin tildes y con posibles faltas de ortografia).

De Delhi a Pushkar. De Puskar a Jodhpur. De Jodhpur a Udaipur, pasando por no se donde (que suena parecido, pero no se como se escribe). De Udaipur a Jaipur. De un lado a otro, de un hotel a otro (mucho menos cutres de lo que os imaginais), de una carretera a otra (eso si, muchisimo mas peligrosas de lo que pensais). Un ejemplo:

Contratamos a un conductor (conducir uno mismo aqui es lo mas parecido al suicidio que se puede conseguir). Se llama Suresh, pero le llamamos Suri. Es como un crio, a ratos se enfada y no habla, a ratos se pone contento y no nos deja en paz. Es bastante pesado, en las dos vertientes. Le encanta la musica. Mejor dicho, le encanta la musica india, en concreto un Cd que nos lleva poniendo en bucle desde que salimos de Delhi, hace ya 7 dias. A ratos Claket y yo nos sorprendemos la una a la otra tarareando una cancion que a estas alturas hemos oido quince millones de veces (a Claket creo que le estan empezando a gustar, yo estoy alcanzando mi nivel de maximo odio).

Hemos ido por varios tipos de carretera diferentes:

1. Autopista de dos carriles. Camiones gigantescos por el carril de la izquierda (no siempre). Se adelanta pitando (porque nadie lleva retrovisores, y si los tienen, apuntan hacia dentro del coche, para que el conductor pueda verse bien todo el rato, supongo). De vez en cuando cruza alguna vaca, pero por lo general no te mueres de miedo mas que un 10% del tiempo.

2. Carretera de un carril que atraviesa pueblos. Sigue habiendo mil camiones. Se adelanta pitando tambien, apurando al maximo con el camion que viene de frente (y al maximo a veces es quedarse muy, muy cerca del otro camion). Muchas vacas. Bastantes cabras. Suficientes perros. Ninos corriendo por la carretera. Bicicletas. Motos. Mas vacas. Porcentaje de miedo: en pueblo, 60%. En carretera adelantando, facil un 85%. Bastante miedo, vaya.

3. Carretera de montana. Medio carril por lado. Si te cruzas con un camion, lo llevas claro. Acantilado por un lado, arboles por otro. Mucha mas velocidad de la que parece sensata. Pocas vacas. Alguna cabra. Casi no hay perros. Muchos monos. Porcentaje de miedo: con acantilado y velocidad, 85%. Con acantilado, velocidad y monos: 90%. Si hay una curva sin visibilidad e intuyes un camion: mucho, mucho miedo. (Nosotras: "Suri, can you go slower?". Suri, frenando ligeramente, y mirando hacia detras. Mucho miedo).

4. Autopista en construccion. A ratos, dos carriles. A ratos, 1 carril. A ratos, ningun carril (si, aqui cuando hacen una autopista no dejan la carretera antigua mientras tanto, para que?, directamente construyen la nueva). Asi que hay veces que vas por la parte construida, y otras que vas por las obras. Genial. Hasta que te das cuenta de que (y esto es veridico) estamos yendo por la AUTOPISTA, en sentido contrario. Porcentaje de miedo: 100%. Sin vacas ni perros. Pero mucho, mucho miedo. (Y a todo esto, nuestro querido Suri diciendonos que es lo normal.... en fin).

5. Carretera-Rio (la preferida de Claket, por el momento). Basicamente consiste en una zona de asfalto (supongo), cubierta por agua, a ser posible, en grandes cantidades. Los valientes cruzan. Los camiones, cruzan. Los autobuses, cruzan. Nosotros, esperamos. Hasta un momento en el que cruzamos (no sabria decir que fue lo que cambio en la carretera-rio). A todo esto, de noche, lloviendo... Sin vacas, eso si. El momento de cruzar, con porcentaje de miedo del 50%, detras de un autobus de turistas alemanes que iba produciendo un tsunami en las motos que cruzaban a su lado. En fin, toda una aventura.

Seguire hablando de Suri (todo virtudes), que hoy esta especialmente enfadado con nosotras, y de nuestras aventuras por la India.

Un beso a todos!

domingo, 7 de septiembre de 2008

Desde Pushkar

Primeras noticias desde la India. Estamos en Puskar, segun la Lonely Planet (esa Biblia de nuestros viajes), un "remanso de paz y tranquilidad en el desierto...bla,bla,bla... donde los hindues vienen a meditar en el lago sagrado... bla,bla,bla...". Bueno, pues para empezar, no hay desierto alrededor (es bastante verde), y como remanso de paz... en fin. El caos de las motos pitando, las vacas por la calle, los indios con sus turbantes de un lado a otro... muy bonito, pero muy poco pacifico.

Llegamos el 5 por la manana a Delhi. Caos absoluto. Polvo, calor, charcos, coches cruzandose de carril, motos metiendose entre los coches, bicis, gente atravesando la calle por cualquier sitio... Y entre el jetlag, el cansancio y el calor, una sensacion de irrealidad de lo mas curiosa. Sin embargo, no me llama la atencion la pobreza, igual me lo habia imaginado mucho peor.

Dormimos como troncos esa noche (me acoste a las 9 y cuando sono el despertador 11 horas despues todavia tenia sueno), y salimos hacia el Rajastan. Hemos alquilado un coche con conductor (Suri, se llama). Por el momento, todo bien, quitando la parte de que han intentado timarnos unas 300 veces en lo que va de viaje (Suri y su jefe). Pero sobrevivimos, y parece ser que conseguimos mantenerle a ralla. Claro, que comparado con lo vivos que son los cubanos a la hora de hacerte el lio, a los indios se les ve venir de lejos... son como crios. Un ejemplo: le decimos ayer, cuando llegabamos a Pushkar, "Suri, llevanos al hotel Seventh Heaven". "No, no, mejor os llevo a otro que conozco, que esta mucho mejor". Claro, quiere llevarnos al que conoce, para llevarse comision. "No, llevanos a ese". "Mmmm, es que los coches no pueden andar por Pushkar". "Claro que si". "Bueno, pero es que el mio esta mucho mejor. Cuanto quereis pagar?". "Queremos ir a nuestro hotel". Se enfurruna, pone morros y no habla en un rato, pero al final nos lleva. Por supuesto que pueden entrar los coches, pero da igual, en el fondo es un poco como un nino... (y todo esto con un acento ingles/hindu que te mueres de la risa).

En fin, estoy encantada. Creo que no voy a volver a trabajar (jajaja, la ilusion es lo ultimo que se pierde).

Ya os contare...
Besos!

(siento la falta de "enes" y de acentos...es lo que tiene estar al otro lado del mundo...jejeje)

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Vacaciones (al fin...)

Bueno, queridos, por fin llegan mis vacaciones... (no quiero ningún comentario de lo de Cuba, porque ya casi ni me acuerdo, así que a efectos prácticos, y gracias a la amnesia provocada por el ron Havana, estas son mis primeras vacaciones del verano).

Sed buenos en mi ausencia, no hagáis nada que yo no haría (lo cual os deja un estrechísimo margen de acción, dada mi beatitud, pero así son las cosas) y preparadme una bonita fiesta de bienvenida a finales de septiembre (aish... me haría tanta ilusión...), aunque igual vuelvo zen perdida de la India y cumplo por primera vez en mi vida lo de "a partir de Septiembre ya no salgo más (entre semana), voy al gimnasio (al menos una vez cada 15 días) y retomo el inglés (y me refiero al idioma)".

Un beso colectivo, y feliz recuperación a los que estáis en plena depresión postvacacional...

sábado, 30 de agosto de 2008

En casa del cura del tercero




Acabo de tener una de las experiencias más surrealistas de mi vida. Verídico 100%. Lo cuento según ha pasado.

Estaba yo en mi casa, a punto de salir a tomar algo (parece que siempre estoy o a punto de salir o ya en la calle, qué alejado de la realidad…). Total, que me digo, “ya que tengo cinco minutos, recojo la ropa tendida, que luego me va a dar más pereza”. Y la ropa tendida no son las sábanas, manteles y camisas limpitas (esas que hay que planchar después), sino la ropa de ayer, que había dejado aireándose para que se quitara el olor a tabacazo del último bar (en fin, espero que mi madre no esté leyendo esto…). Reconocerlo, todos hemos aireado unos pantalones alguna vez… El caso es que ayer lo puse a tender todo. Y eso incluye el sujetador, que ya no estaba en la cuerda al lado de los vaqueros. “Mierda”, me digo, “lo sabía, se iba a caer. ¿Además, a quién se le ocurre tender un sujetador a airear? ¿A airear de qué?”. Con la perspectiva del día soy consciente de que no tiene ninguna lógica, pero ayer, por la razón que sea, me parecía evidente que tenía que tenderlo. En fin.
Miro hacia abajo y ahí está, en equilibrio sobre la cuerda del tercero, como un pájaro mal posado. “A por él”. Y bajo al tercero. Llamo a la izquierda (más cerca de donde había caído mi sujetador). No abren. Me giro. Miro la puerta de la derecha. La casa del cura. Prefiero ver al cura que perder un sujetador (este además es estupendo, y los sujetadores son caros, muy caros). Llamo a la puerta. Se oyen pasos al otro lado. “¿Será capaz de no abrirme? Pues menuda alma caritativa…”. Se oye cómo mueve la mirilla y dice “¿Sí?”, “Este… soy la vecina del quinto… se me ha caído algo por la ventana…”.
¡Dios mío! Abre un señor con barba de tres días, camiseta blanca de tirantes y pantalón de chándal-pijama azul marino. Acabo de descubrir que el clero, en su domicilio, parece sacado de debajo de un puente. Aunque sea cruel decirlo, el voto de castidad no debe costarle demasiado. Un amigo mío tiene una teoría al respecto: si no va a dar misa, y tampoco va a ligar, ¿para qué va a arreglarse? Lo que sea, pero teníais que haberle visto.
“Dime”. “Pues nada, que estaba tendiendo y se me ha caído algo” (no voy a explicarle la historia de airear la ropa, etc, etc). “Yo es que no uso la cuerda”. “Bueno, es que los vecinos no están; ya he probado en la puerta de al lado”. “Ya veo, pues nada, pasa a ver si se puede coger” (me imagino la risa de algún argentino con esta frase puesta en contexto).
Paso. La casa, indescriptible. En el salón, un colchón RestForm de esos que anuncian constantemente en Teletienda a las 3 de la mañana, con las sábanas revueltas. La cocina, como de los años 40, con fogones como los de casa de mi bisabuela. El suelo, en fin, mejor no hablar. Y al fondo, una habitación con un ordenador que me río yo del voto de pobreza. Vale, estoy siendo mala. Igual hace e-confesión, e-misa o chatea con su Santidad, que con los tiempos que corren no se sabe.
Desde el cuarto de baño se veía mi sujetador al otro lado de la cuerda. La verdad es que me daba un poco de reparo estar ahí, con el cura del tercero (¡El Cura del Tercero!), intentando recuperar mi sujetador. Me mira con cara d “no voy a hacer ningún comentario”, hace un amago de mover la cuerda, y el sujetador, al otro lado, sin moverse. “Va a ser imposible, mejor será que te pases esta noche por casa de los vecinos”. Y la casa de enfrente, con las persianas cerradas como si no fuera a volver nadie en 6 meses. “¿Puedo intentarlo yo?”, digo, sin saber si tengo que tutearle en calidad de vecino, o llamarle Padre y de usted en calidad de sacerdote. Qué se yo, esto no te lo enseñan en el colegio (y eso que el mío era de monjas). “Claro, pero lo veo difícil”.
Me pongo a mover la cuerda hasta que el nudo queda debajo del sujetador. Se mueve un poquito hacia nosotros. Parece que se va a caer. Hago un movimiento circular y el tirante se engancha en la cuerda. Sigue avanzando. Yo no me lo puedo creer. El cura me anima, somos un equipo. En este momento lo único que falta es música tipo Carros de Fuego. Y el sujetador cada vez más cerca. Hasta que lo puedo agarrar. La sensación debe ser parecida a la que ha tenido Phelps en las olimpiadas. Vale, aquí igual estoy exagerando.
Nos hemos recompuesto (aunque yo creo que hemos estado a punto de abrazarnos de la emoción). “Vaya técnica”, me ha dicho. “Gracias, gracias”, he contestado yo, con falsa modestia.
Y me he ido a casa, subiendo los escalones de tres en tres.

Ahora que lo pienso, necesito urgentemente unas vacaciones y que vuelva mi psicóloga. Mi vida empieza a ser un desastre… (pero la sensación ha sido tremenda…).

viernes, 29 de agosto de 2008

Una enseñanza para la vida



Ahora que estoy terminando el doctorado, me vienen a la cabeza un montón de cosas que no tienen nada que ver ni con la medicina, ni con mi “investigación” (si es que se puede llamar así) ni con nada útil. Pero entre todas las idioteces que me dedico a pensar, de pronto, me ha venido un recuerdo que es tan importante que creo que debería compartirlo con vosotros. Vaya, una enseñanza vital que todos deberíamos aprender en algún momento de la vida. ¡Que sea hoy!

Puede que para algunos sea obvio, pero por si acaso…: LAS DROGAS SON MALAS. Y cuando digo “malas”, me refiero a “muy malas”. Y cuando digo “drogas”, no hablo de las drogas aceptadas por todos nosotros (café, tabaco, alcohol, orfidal, trinaranjus, amor –algún día hablaré de lo malo, MALO digo, que es el amor… del trinaranjus mejor no decir nada, ¿cómo pueden pretender que sea “natural” algo que sabe así? En fin…). Pues eso, las drogas, las duras y las blanditas. Hoy hablo de las no tan duras, en concreto de los porros. Los PORROS, esa “droga puente”, que diría mi abuela (“si es que se empieza dándole una calada a un porro y acabas enganchado a la heroína, ten cuidado”). Y no voy a hablar de la posibilidad de que se empiece con la marihuana y se acabe debajo de un puente con una aguja en el brazo, ni de la apatía, ni de los ojos rojos… no, no, no, voy a hablar de algo muchísimo peor: el HAMBRE que producen.

Os reiréis, seguro, pero ahí va, un caso real como la vida misma.

El otro día, mi amigo X (vuelvo a recalcar lo de mi discreción, y no digo el nombre para no hundir su vida social y amorosa), con un par de cervezas de por medio confesó algo que me puso los pelos de punta. La conversación fue más o menos como sigue:

- Sabes, hace que no fumo un montón.
- Ahá…. –mi amigo en cuestión estaba encendiéndose un cigarro tras otro- ya veo.
- No, digo fumar porros.
- Ah… -esto seguirá hacia algún sitio, digo yo.
- Tía, si es que tuve que dejarlo, me estaba convirtiendo en una persona horrible.
- ¿Y eso? ¿Dejaste de hacer cosas? ¿Discutías? ¿Te pasabas el día tirado en el sofá viendo El Diario de Patricia?
- Puff, pues también, pero lo dejé porque se me fue de las manos. Me daban un hambre atroz…
- ¿Y engordaste?
- No, estaba más flaco que nunca, pero un día tuve una visión, y lo dejé.
- ¿Y qué viste?
- Llegaba a casa, me había fumado un porrito con mis colegas, y entré con un hambre horrible. Lo único que había en la nevera era un bote de mayonesa, vete tú a saber de cuándo (ey, pero no olía mal, ni tenía moho, ni nada por el estilo). El caso es que tenía una pinta estupenda. Así que cogí una cuchara (de las soperas, no de las de postre), agarré el bote, y empecé, cucharada tras cucharada.
- ¿Cómo? Agggg….
- Sí, y entonces me vi, en medio de la cocina, agarrado al bote de mayonesa como si fuera caviar, y me di cuenta de que eso ya no era normal. Lo del kilo de donetes tenía un pase, lo de meter el dedo en el bote de nocilla, todavía, pero la mayonesa…
- Te entiendo, yo habría hecho lo mismo.
- Desde entonces no he vuelto a fumar porros… y la mayonesa no puedo verla ni en pintura.

Es una historia verídica, real como la vida misma. Ahí queda, para que la próxima vez que uno de esos amigos hippies que tenéis os pase un porro sepáis decir que no… y si no, ateneos a las consecuencias, allá vosotros…

lunes, 25 de agosto de 2008

Frases célebres, que seguiremos repitiendo (y escuchando)



Hace un par de días me encontré con una amiga de la facultad por la calle. No digo su nombre, que aunque yo para mis historias soy de lo más indiscreta, para las de los demás soy como una tumba.
-Ay... -me dice, medio suspirando medio muerta de risa -qué desastre es todo.
-Ya ves -le digo yo, sin saber de qué habla, pero aún así de acuerdo, todo es un desastre...
-¿Te acuerdas de X?
-Claro, qué majo, qué buen tío, qué simpático...
-Me dejó
-Qué gilipollas.... si es que se le veía venir -(y luego los tópicos de siempre... "si es que son todos iguales, qué le vamos a hacer, mejor sola que mal acompañada, etc, etc").
-Bueno, pero yo estoy más o menos bien. Y además, LA MANCHA DE MORA CON MORA SE QUITA

Seguimos hablando un rato más, y luego cada una por su camino, ella a buscar la mora en cuestión y yo a seguir con la actividad prioritaria en mi vida por el momento (el doctorado, el doctorado).

Cogí el metro (ups, agarré) y me puse a pensar. Ya sabéis que para mí el metro es lo que para los griegos era el agora, o para los budistas sus templos, el mejor sitio de meditación... Repasé la conversación y me di cuenta de la cantidad de frases que habíamos repetido, por enésima vez en nuestras vidas. La mejor de todas, la de la mora... pero a ver... ¿alguien ha intentado alguna vez quitar una mancha de mora -real- con otra mora? ¿No ensucias más todavía? No sé... como soy de ciudad igual me estoy perdiendo un mundo fascinante de milagros de la ciencia tradicional, qué se yo... En cualquier caso, no me creo lo de las moras...

Y como iba bastante lejos, seguí divagando, pensando en más frases célebres. Ahí van algunas, por si os sentís identificados (van sin destinatario):


- Mañana me levanto pronto, que aunque no tengo que trabajar así aprovecho la mañana (jajajaja... vamos, hombre, ¿pronto? Pero la maravilla que es irse a dormir con la conciencia tranquila bien lo vale... mañana apagas el despertador y a seguir durmiendo hasta el mediodía, mmmm. ¡Pasado sí que madrugo!).

- Una última y a casa (claro, que el concepto de "último" es tan relativo hoy en día).

(Y la que viene después) - Pufff... nunca más. Esta noche, no salgo (en su versión "Tía, lo siento, estoy muerto, hoy no salgo, así me acuesto pronto y aprovecho mañana el día" -jajaja-. Media hora después, ringgg -telefonillo-, "¿Sí?". "Abre, chiqui, que estoy abajo. Traigo el hielo. ¿Tienes ron?" "Sube, que ya te había puesto una copa").

- Toda la sarta del mundo amoroso, o post-amoroso -creo que son mis preferidas, tengo algo de masoquista-: "no es por tí, es por mí", y en su versión transatlántica: "no sos vos, soy yo" (que en la traducción es: efectivamente, es por mi, que no quiero estar con vos). Mejor todavía: "pero podemos ser amigos" (jajajaja, claro, me encantan los amigos). Se puede superar (esta es mi favorita): "ay... si es que eres tan buena que no te merezco". JAJAJAJA. En serio, esta es la mejor, me hace sentir tan buena... ¡si es que soy una santa!

- Las de "ups, me has pillado", en su versión de pareja: "no, no, de verdad, si te lo puedo explicar" (y os aseguro que ya lo entendí sin necesidad de explicación). Pero me quedé con las ganas de que me lo explicara de verdad: "resulta que, efectivamente, esta es X, mi compañera de trabajo, y nos estamos enrollando a tus espaldas porque nos apetecía así, ya sabes, el morbo de lo prohibido... si no estuviera contigo tendría mucha menos emoción"... la explicación en su momento tuvo mucho menos gracia.

En su versión de trabajo, saliendo por la puerta 2 horas antes de terminar, vestida de calle y con una maleta, rumbo a los Carnavales: "mmmm, justo iba ahora al laboratorio, a la General, a buscar los resultados de la paciente aquella que operamos el otro día", "ahá...", "y la maleta es de una colega que se va de viaje, y ya de paso, se la acerco" -esta creo que no coló, perdí el avión-.

En su versión colegas: "puff, hoy no salgo" -con el plan ya montado, excluyendo al amigo en cuestión-. Dos horas después, en un bar: "¡Vaya, tú por aquí! ¡Qué sorpresa!", "Sí... qué ilusión... puff, me entró un agobio horrible en mi casa y tuve que salir a oxigenarme" (bar lleno de humo hasta el techo, con gente hasta en las paredes, música a diezmil decibelios). El colega, con un poco de suerte, con un contenido suficiente de alcohol en sangre como para ver lógica la explicación. Después de ese día, me prometí no volver a beber ni una gota, lo juro. Me tomé la última, y me fuí a casa para poder levantarme pronto al día siguiente y aprovechar la mañana.

(Llegué a las 10 , me metí en la cama y cuando me levanté salí directa a tomarme unas cañas por la Latina).

martes, 19 de agosto de 2008

Un poco abandonado...


Debe ser el calor, que me hace no escribir...

El calor, o las guardias infernales del verano, o las cervezas infinitas en las terrazas de Madrid, o el ritmo cubano del que no logro salir, o el caos de no saber ni qué día es y tener la cama siempre sin hacer...

Pero volveré, volveré....

martes, 24 de junio de 2008

Más rutinas (2)



Más rutinas que me encantan:

6. Ir a la biblioteca del barrio, la de Conde Duque. Entrar por el arco detector de metales (¿pero quién va a meter una pistola en una biblioteca? ¿Estamos locos o qué?), y ver el patio. Mirar entre las estanterías el libro que me voy a leer. Es como escoger un bombón en una caja llena. Y lo reconozco, elijo los libros por la portada.

7. Llegar un viernes a las diez de la mañana a casa, después de una guardia horrible. Darme una ducha con agua casi hirviendo, y meterme en la cama, limpia como si estuviera para estrenar. Saber que puedo dormir hasta las siete de la tarde, y que el fin de semana está empezando. Encender la luz, leer un rato, estirarme todo lo que pueda, ponerme cruzada en la cama, y quedarme dormida como si me fuera la vida en ello. ¡Qué maravilla! Esto sí que no es comparable a nada en este mundo…

8. Domingo por la tarde. Salir de casa a las siete, con buen tiempo. Ir andando por San Bernardo, llegar a Gran Vía. Seguir andando hasta Cibeles. Continuar hasta el Retiro. Llegar al Palacio de Cristal y tumbarme en el césped de enfrente, el que tiene justo delante el estanque pequeño. Y pasarme ahí leyendo horas, sí, el libro que cogí el día de antes en la biblioteca de Conde Duque, el que tiene una portada genial.

9. Hacer la compra. Vale, sé que esto suena un poco a maruja (pero no nos engañemos, soy una maruja atrapada en el cuerpo equivocado). Me gusta ir cogiendo las cosas de los estantes, pero sobre todo me gusta meterlas después en mi carrito rojo de la compra y andar a casa. De hecho, lo que me gusta de hacer la compra es mi carrito. Me lo regalaron estas Navidades, y me encanta. Mis tías se reían de mí cuando lo pedí, pero qué le vamos a hacer, era lo que me hacía ilusión. La conversación con ellas fue más o menos así:

-¿Qué te apetece por Reyes?
- Mmmm, no sé, creo que no necesito nada…
- No, no, no es que necesites, es algo que te apetezca.
- Pues entonces, un carrito de la compra, de esos de tela con ruedas.
- ¡¿Cómo!?
- Sí, de los de toda la vida. ¿Qué pasa? Me hace ilusión…
- ¿Pero tú no haces la compra por Internet?

Y claro, ahí me di cuenta de que había un salto generacional a la inversa. Al final me regalaron un carrito monísimo, que es la envidia de todo el Carrefour y de mi portero, Mariano. Y yo he recuperado la ilusión de hacer la compra.

10. No discutir. Ya lo sé, puede no parecer una rutina, pero cuando te has pasado discutiendo mucho (muchísimo) tiempo, estar meses seguidos sin tener una pelea es una MARAVILLA. Se lo recomiendo a todo el mundo. Como dice Jose Carlos, un matrón de mi hospital, “nada es lo suficientemente serio como para que haya que discutirlo”. Una maravilla.

lunes, 16 de junio de 2008

Meteduras de pata...






- ¿Y de verdad que no te gusta nadie? – me dice, sonriendo, con una copa en la mano.
- Pues la verdad es que no mucho… lo normal, qué se yo…
- ¿De todos? ¿Ninguno? Pero si esto está lleno de tíos… Va, di alguien…
- Bueno, si tengo que elegir… puf, no sé. Vale, vale – doy un trago a la cerveza – Vale. Mira, cuando entramos había uno alto, moreno, con el pelo medio largo y barba. Ese era medio pasable. Pero, bah, tampoco te creas.
- ¡Ese el J.!
- Eres bobo… no era J. ¿Cómo me va a gustar J?
- Jajaja… no sé, peores cosas se han visto
- Ya…

Media hora después, O. desaparece. Le veo andar hacia el fondo. Le veo reírse. Se acerca a un grupo. Se pone a hablar con uno. Es alto, moreno, con pelo medio largo y barba. Y desde luego no se parece ni de refilón al que vi entrar al principio de la noche.

- J, ¿qué hace O.? ¿Son colegas?
- No tengo ni idea, pero creo que no.

O. nos mira. Se ríe. Me mira. Se ríe un poco más y me saluda.

Ahora lo veo. ¿Cómo se puede ser tan tonto? “Por favor, por favor… que no sea lo que pienso”, me digo a mí misma. Y era lo que yo pensaba. Vuelve O.

- Jo, tía, lo siento.
- ¿Sientes qué?
- Pues eso, que el tío alto con barba no quiere nada.
- ¿Nada de qué?
- Nada de conocerte.
- Eres idiota, O, no era ese… Y aunque lo fuera… ¡pero mucho peor sin serlo!
- Jajajaja, ¿en serio? Bueno, pues mejor para ti, porque no quiere nada contigo.

Y nos pedimos otra copa. Y prometí no volver a decirle nada a O. (Mientras tanto, J estaba dudando si sería su noche del Génesis o del Apocalipsis…)

(O, va por ti, por tus meteduras de pata y por tantas y tantas noches juntos de trío Lalala).

martes, 3 de junio de 2008

Un señor del Metro

Estaba hoy en el Metro, camino a mi casa, cuando me he dado cuenta de que hay cosas que siguen sorprendiéndome. Por cierto, empieza a parecer que me paso la vida en el servicio de transporte público de Madrid; claro, así es normal que no tenga ni vida social ni nada, y también explica lo de la palidez y las ojeras (¡y yo que había llegado a pensar que era por las guardias de 24 horas!).

A lo que iba, estaba sentada tranquilamente, escuchando música y mirando a la gente del vagón cuando me he fijado en el señor que estaba enfrente. Un señor calvo, de esos de calva reluciente, como pulida, camisa de señor mayor (la típica camisa de abuelo, vaya), pantalones beige (dios, cómo odio esa palabra, “beige”, agggg), calcetines azules y mocasines marrones. Uno de estos señores que no llaman la atención, tan típicos de metros y autobuses, de esos que parece que están yendo a recoger a sus nietos a clase de inglés, o a comprarle medicinas a su mujer, qué se yo. Y al lado del señor, una señora. La típica mujer-de-señor-mayor-calvo: teñida, con pelo corto esponjoso (del que parece que tiene más aire entre medias que pelo, como abultado), maquillaje discreto, chaqueta discreta, falda discreta por debajo de la rodilla, color neutro, zapatos de medio tacón. Todo en ella muy discreto.

Iba a continuar mirando al resto de la gente cuando me he fijado en el señor otra vez. Llevaba una bolsa de plástico pequeña, translúcida, entre las manos. Debía ser por la iluminación del vagón, que se entreveía un dvd, con una especie de cuerpo de mujer y otra cosa que no se distinguía del todo bien, y el título “Duluth… no-se-qué”. “Qué curioso”, me digo a mí misma, “menuda portada más rara”.

El caso es que al moverse para decirle algo a su mujer, el señor ha dado la vuelta a la bolsa, y ahí se han aclarado todas mis dudas: “City Sex Store, Madrid, Fax 91 181 27 33”. Y me he bajado del Metro, tres paradas antes de la mía, en un ataque de pudor irrefrenable.

En fin, la gente está fatal (además, yo pensaba que con eso de Internet la gente ya no compraba películas porno). Y allá vosotros si queréis mandar un fax a City Sex Store. El número es real…

domingo, 1 de junio de 2008

Después de la lluvia




Sé que debería estar estudiando, en vez de perder el tiempo con estas cosas, pero hoy, al llegar a Madrid había un arcoiris que cruzaba todo el cielo, de norte a sur.


Y la ciudad estaba como recién lavada.

Precioso.

viernes, 30 de mayo de 2008

De Sirocos y otros vientos



Hoy me han dicho (un voyeur, para ser más exactos): "que pena que te diera el siroco...", a lo que yo he respondido "no me dio ningún siroco". Así, sin dudarlo ni un segundo. Después, en el metro, me he quedado pensando, ¿y si realmente me dio un siroco? Y como no me quedaba del todo claro lo que es el Siroco (sí, un viento, ¿pero qué tipo de viento?) he mirado en la Biblia de nuestros días, la Enciclopedia Británica de nuestros tiempos: la Wikipedia. Y puede que tengas un poco (y digo un poco) de razón. Ahí va:





Sirocco, scirocco, jugo o raramente llamado siroc es un viento Mediterráneo que viene desde el Sahara y alcanza velocidad de huracán en el norte África y Sur de Europa. (Ciclotimia puede, huracán, jamás, pero sigo leyendo)



Se presenta en masas de aire calientes, secas, tropicales, que son tiradas hacia el norte por las células de baja presión que se mueven hacia el este a través del mar Mediterráneo, con el viento originado en los desiertos árabes o del Sahara. El aire continental más caliente, más seco, se mezcla con el aire más fresco, más húmedo, del ciclón marítimo, y la circulación a la izquierda del punto bajo propulsa el aire mezclado a través de las costas meridionales de Europa.
(Bonita explicación metereológica. Sigo perdida. Continúo leyendo, por si acaso)

El siroco causa condiciones secas a lo largo de la costa norteña de África, tormentas en el Mar Mediterráneo, y tiempo húmedo y frío en Europa. (Vaya, vaya, cambiante ahí donde esté...) La duración del Siroco puede ser desde medio a varios días. Estos vientos con velocidades de casi 100 kilómetros por hora se producen generalmente durante el otoño y la primavera, alcanzando sus máximos en marzo y en noviembre. (Marzo, eh? Igual tenías más razón de la que pensaba)

El siroco es un viento que, debido a sus especiales condiciones, provoca en personas más sensibles cambios de humor, dolor de cabeza...(léase al respecto la novela de Thomas Mann, Muerte en Venecia) hasta el punto de que, en conflictos judiciales, se ha usado como atenuante.
(Aquí está la palabra clave: ¡¡personas sensibles!! Claramente, yo. Y vuelvo a lo de antes, ciclotimia. Si es que todo tiene un sentido, al final. Así que mi atenuante viene a ser un viento africano. ¡Qué alivio! Y yo que había preferido llamarlo "mala época"... Si es que esto del cambio climático no solo perjudica a los osos polares... Os dejo, que tengo delante Muerte en Venecia y tengo que seguir leyendo).


Besos sirocales.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Rutinas


Me gusta la rutina. No, mejor dicho, me gustan algunas rutinas, esas que repites mil veces pero que siguen siendo geniales. Esas que te hacen envidiarte a ti mismo. Ahí van algunas:

1. Los días de lluvia ponerme mis botas de agua, unas azules altas como de pescador, y pisar todos los charcos que pueda, salpicando. Me encanta no mojarme los pies. Me encanta ver cómo la gente sortea el agua y yo me meto dentro. Estar debajo del paraguas y dentro de mis botas y que todo alrededor esté húmedo, menos yo.


2. Coger la línea 1, y mirar por la ventana entre Iglesia y Bilbao, y ver la estación fantasma (se está convirtiendo en una especie de obsesión, lo sé). Y me sorprende que nadie más mire y se muera de ganas de estar ahí.


3. Por las mañanas salir de casa, ponerme música, la música de ir a trabajar (ya lo sabes, tengo una canción para cada momento), y andar hasta el metro. Me encanta cruzarme con la gente, toda tan limpia, tan recién duchada, tan dormida. Ver el atasco y yo seguir andando, sin prisa. Y lo mejor es cuando cojo todos los semáforos en verde. Madrid es precioso por las mañanas, parece que lo acabaran de terminar justo diez minutos antes de que yo llegara a la calle.


4. Me encanta la cascada artificial de Chamartín, esa que es como de Matrix, en el cruce de la línea 10 y la 1 (nunca lo había pensado, pero son las dos líneas azules, ¿será por eso que pusieron una cascada?). No puedo negarlo, he llegado a estar sentada delante dejando que pasasen metros, como hipnotizada con los leds que caen. Me encanta.


5. Mi rutina del fin de semana. Tomar algo en un bar, y a las cuatro ir al Sol. Bajar por Montera, girar en Jardines, encontrarme con una cola increíble, con gente amontonada en la puerta y saber que no voy a esperar ni diez segundos para entrar. Saludar a Ángel, contarnos las novedades de la semana, ver que todo sigue exactamente igual que el viernes pasado, y entrar. Y lo mejor de todo: bajar las escaleras, con la luz roja, con la música que cada vez se oye mejor. Coger una cerveza, encontrarme con J y O, y saber que mañana no trabajo.

viernes, 23 de mayo de 2008

El cura del tercero reaparece


Esta mañana no llovía, diluviaba. Estaba entrando por el portal, haciendo malabares con las bolsas de la compra, el móvil, el i-pod y el paraguas, y cuando se cerraba la puerta ha aparecido, con su sotana y su alzacuellos, el cura del tercero, con el pelo completamente pegado a la cara, el pobre, como un gato mojado. Un gato muy sonriente, eso sí.


Nos hemos metido en el ascensor.


-¿A qué piso vas?

-Al quinto.

-Entonces yo me bajo antes.

-Ya, ya, en el tercero.

-¡Qué buena memoria!


(Claro, he pensado yo, no tengo ninguna duda "El cura del tercero")


Y como siempre que le veo, me han venido a la cabeza todo tipo de comentarios fuera de lugar (que por supuesto me he guardado para mí): "Cómo llueve, eh? Un día estupendo para pasarlo rezando", "Con el mal tiempo que hace se debe estar muy agusto en la iglesia, no?", "¿Y qué opina Dios del trasvase del Ebro? No debe estar muy de acuerdo, por lo que veo...". En vez de decir nada, he sonreído, como la vecina modélica que soy, y he hecho el típico comentario del tiempo (a todas luces, idiota).


-Pues sí que está lloviendo...


Hemos llegado al tercero. Y al bajarse me ha dicho una frase que me ha dejado helada:


- Bueno, pues nada, que te sea leve LO POCO QUE TE QUEDA...

(¡Horror! ¿Cómo "lo poco que me queda"? ¿Ha visto algo? Es un cura, SABE ciertas cosas, se supone. Tiene información privilegiada, qué sé yo...). He acertado a decir:


- O lo mucho... ¿no? Jejeje -risa nerviosa.


- Jajaja, no, no, me refiero a la lluvia, que han dicho que para el mediodía saldrá el sol... Hasta luego.


Y se ha cerrado la puerta del ascensor. He subido los dos pisos que quedaban hasta mi casa aterrada. Un cura jamás debería decir según qué cosas... Por lo menos me queda el alivio de que ha dejado de llover, y ha salido el sol.


Por si acaso, la próxima vez que me cruce con él, no voy a pensar nada malo. Lo prometo, lo prometo.

jueves, 22 de mayo de 2008

Una canción que escucho en el metro...


LA NIÑA IMANTADA (Love of Lesbian)


Ya hace algunos siglos que he empezado a sospechar
que he caído sin quererlo en tu gravedad.
Es como si andara siempre en espiral,
cuando encuentro una salida, tú apareces.

Niña imantada y ahora yo he de admitirlo,
y ahora yo presiento que has vencido,
no hay manera humana de escapar.

Así que alégrate, lo has conseguido,
los días sin ti serán precipicios,
no hay manera humana de escapar.

Nadie, nunca, nadie, nadie excepto tú
puede enviarme hacia el espacio
y devolverme hacia su cama.
Y en las horas más oscuras me harás levitar,
en descuidos crearemos universos.
Niña imantada y ahora yo he de admitirlo,
y ahora yo presiento que has vencido,
no hay manera humana de escapar.

Te voy a contar este misterio:
simple y eficaz, el roce de mis dedos
te ha magnetizado,y ahora tú,
y ahora tú ...
y ahora tú ...
y ahora tú ...

Así que alégrate, lo has conseguido,
los días sin ti serán precipicios,
no hay manera humana de escapar.
Así que alégrate, lo has conseguido,
los días sin ti serán precipicios,
no hay manera humana de escapar.

martes, 20 de mayo de 2008

Una canción que escucho en los atascos...




TODO LO QUE NOS GUSTA (Sidonie)


Yo soy tu ruina
Y tú mi final

Nuestro romance
Es loco y fatal


Yo soy el joven
Conde victoriano
Mancillando mi honor

Tú eres la diva
Que almuerza con ginebra
En el Berlín del treinta y dos

TODO LO QUE NOS GUSTA
NOS VA A MATAR MAÑANA
PERO ES MEJOR REINAR EN EL INFIERNO
QUE SERVIR EN EL CIELO

Mis venas siempre
Te llevarán
A mi sistemaNervioso central
Tú te despides
No quieres otro drama
De función dominical
TODO LO QUE NOS GUSTA
NOS VA A MATAR MAÑANA
PERO ES MEJOR REINAR EN EL INFIERNO
QUE SERVIR EN EL CIELO


Con paso lento
Yo llevo una corona
De flores en mi funeral
TODO LO QUE NOS GUSTA
NOS VA A MATAR MAÑANA
PERO ES MEJOR REINAR EN EL INFIERNO
QUE SERVIR EN EL CIELO

viernes, 16 de mayo de 2008

Un sitio (segunda pista)

Una pista…


Aunque sé que te gusta la luz, los parques, y los árboles-cerebro, ahí donde te voy a llevar hace años que no entra el sol. Puede que nunca haya entrado un rayo de sol... Uhhhh

Y aunque sé que te gustan los asientos desde los que se ven los techos llenos de plantas, ahí donde vas a ir, ahí donde te voy a llevar, el techo es igual que todos los otros techos.

¿Más pistas?

miércoles, 14 de mayo de 2008

Un sitio (primera pista)

Una pista (la primera): puedes ir tanto de día como de noche. Una vez que estés ahí, no notarás la diferencia… o puede que sí que la notes…

No, una pista de verdad: no notarás la diferencia entre la noche y el día.

(Y no voy a decir nada más)

Un sitio para llevarte


Hay un sitio al que quiero llevarte. A lo mejor no te gusta. A lo mejor no me gusta a mí. Es lo bueno (y lo malo) de las sorpresas… no sabes lo que te vas a encontrar.

No puedo decirte dónde es, pero te voy a dar una pista. Si lo adivinas, prometo decirte que has acertado.

Ahí va la pista…

No, mejor no te la digo todavía, porque seguro que lo adivinas, y me apetece mantener la intriga un poquito más. Es la segunda cosa que me gusta de las sorpresas, mantener el misterio (y al final siempre lo cuento antes de tiempo).

Va, te lo digo… ¡no, todavía no! Ya te lo contaré…

domingo, 4 de mayo de 2008

Todo confundido

Hoy me he levantado más cansada de lo que me acosté.
Me he reído al darme un golpe en la rodilla.
He llorado cortando cebolla, sintiéndome la mujer más afortunada del mundo.
He cantado una canción que no me sé.
He dormido la siesta soñando que estaba despierta.
He llamado por azar a alguien con quien no quería hablar.
Y he disfrutado de la conversación.
He salido a tomar un café, cuando lo que quería era estar en casa.
Y he vuelto justo cuando me moría por ir a bailar.
Me he metido en la cama sola, cuando lo que más me apetecía era dormir contigo. Pero lo prefiero así, si estuvieras aquí, querría tenerte lejos, como siempre…

sábado, 3 de mayo de 2008

Más años

Un año más vieja, y un año más sabia.... o no....

En cualquier caso, más sabe el diablo por viejo, que por diablo...

miércoles, 30 de abril de 2008

Anuncio

Ayer estaba esperando en una esquina (en fin, espero que esta frase no sea malinterpretada, que os conozco y sé que tenéis mentes perversas, capaces de sacarle punta a lo que sea... ¡acabaréis en el infierno!). A lo que iba, ayer estaba esperando a un amigo que es incapaz de ser puntual, y en el rato hasta que llegó, me dio tiempo a muchísimas cosas. Miré todos los escaparates, conté los coches rojos que se pararon en el semáforo (veintisiete), me fijé en un tío guapísimo que estaba en un balcón (él mientras miraba a otro tío bastante menos guapo, pero pasable, que servía mesas en la terraza de un bar), llamé a mi amigo para decirle que si no llegaba me iba a casa, seguí esperando, conté las baldosas de un lado al otro de la acera (doce blancas pequeñas por cada roja grande), y por supuesto, también me dio tiempo a fijarme en todos los carteles que había alrededor. Había uno que decía: "Se busca corazón para los meses de julio y agosto. Económico y en buen estado. Abstenerse fumadoras. 622439..".


Me quedé pensando.

1. ¿Cómo que para los meses de julio y agosto? ¿Y noviembre? ¿Y marzo y abril?

2. ¿Económico y en buen estado? Jajaja, vamos, hombre, puede que haya algún corazón económico, pero desde luego, no creo que esté en buen estado, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren. Y desde luego, si está en buen estado, seguro que no será económico.

3. “Abstenerse fumadoras”. Vaya, con lo que me costaría dejarlo. Bueno, igual me compensa. Va, voy a intentarlo y me lo pienso. Mmmm. Todo sea por un corazón económico y en buen estado. Espera… ese número… me suena… ¡no! ¡no puede ser!

Gracias a dios llegó mi amigo. “¿Qué es ese papel que tienes ahí?”, me dijo. “Nada, nada”, dije yo, y tiré el anuncio que había arrancado de la pared a la papelera. Y, bueno, después me encendí un cigarro.

lunes, 21 de abril de 2008

Noche del viernes... mañana del sábado.

Creo que necesito unas vacaciones. El trabajo está empezando a afectarme. He llegado a un punto insostenible. Si no son unas vacaciones, tendrá que ser una baja por agotamiento. Mejor os cuento lo que me pasó el otro día, para que me entendáis (y no quiero ni un solo comentario de los de "pero si tú no curras nada", "anda, exagerada, si tampoco es para tanto", ¡ni uno!).


Después de una larguísima semana de currar y currar, y currar y currar, llegué al viernes. Desde luego, no de la mejor manera, pero llegué. Salí a cenar con mis amigas. El plan teórico era juntarnos para hablar de nuestras cosas; el real era que una de ellas -no soy yo- se ligase al camarero del restaurante. Al final, y como era de esperar (y de desear, por mi amiga), Ella (no voy a dar más detalles) acabó con el camarero en cuestión (que resultó ser el dueño del restaurante, mira cómo son las cosas). El resto nos quedamos aguantando a los amigos del ligado (o del ligando, según cómo se piense). Y digo aguantando con toda la razón, porque eran francamente... dejémoslo en que eran francamente (punto).

El caso es que para soportar la noche nos tomamos unas cuantas copas (que no voy a contabilizar porque sé que hay gente de mi familia que va a leer esto, y quiero que me sigan considerando la persona responsable que soy -mamá, te lo prometo, yo solo me tomé una cerveza, y ni siquiera me la terminé-). Llegué a mi casa en unas condiciones ligeramente deplorables. Me metí en la cama y me quedé dormida antes de apoyar la cabeza en la almohada.

Hasta aquí todo normal.

Me despierto por la mañana. Sábado. Festivo. Miro el despertador: 9:36. Doy un salto (literal) de la cama, me pongo nerviosísima, me doy cuenta de que me he quedado dormida, y que seguro me están esperando en el trabajo. “¿Qué hago? ¿A quien llamo? Me van a matar, ¿pero cómo se me pudo olvidar poner el despertador ayer, jueves?”. Doy dos saltos más hasta el baño, enciendo la ducha, me meto dentro y cuando me estoy poniendo el champú caigo en la cruda realidad de que esto haciendo el imbécil. Apago la ducha. Me seco. Me tomo un ibuprofeno, y a la cama otra vez. Si es que soy idiota. No, no, mejor dicho, si es que necesito unas vacaciones… ¡este trabajo me va a consumir! (y por supuesto, la culpa es de un exceso de carga laboral, no de la posible ingesta excesiva de alcohol de la noche anterior. ¡Faltaría más!).

lunes, 14 de abril de 2008

viernes, 11 de abril de 2008

La buena acción del día

Una confesión: soy un poco peliculera. Vale, vale, si hago una confesión, que sea de verdad: soy muy peliculera. Y hay cosas que me encanta hacer, probablemente porque las he visto en películas un millón de veces y, reconozcámoslo, suenan muy bien. Un par de ejemplos: me encanta llegar a un bar y decirle al tío de la barra “¿qué tal? Ponme lo de siempre”… y que él sepa qué es lo de siempre y me lo ponga (bien frío, y si puede ser, en vaso ancho). O mejor aún, llegar a la barra y que el camarero me diga “¿qué tal, Cris? ¿Te pongo lo de siempre, no? Y no te preocupes, que a esta invita la casa”. ¡Si es que suena tan bien!

Otro ejemplo: decirle a las enfermeras, justo antes de salir por la puerta del quirófano “enhorabuena, equipo, la operación ha sido un éxito”. Sé que suena un poco freaky, pero no puedo evitarlo. ¡Me encanta!

Y así puedo seguir mucho más, pero no quiero irme por las ramas. Esto viene a que ayer viví una situación 100% de película, de esas que cuando lo estás haciendo piensas para tus adentros “¡por fin!”. Ayer realicé una de esas cosas que aparecen en todos los manuales de Boy Scouts, y en casi todas las películas de adolescentes tipo La-fea-buena-que-luego-resulta-guapa-y-se-hace-popular (otra confesión: me encantan esas pelis, terrible, pero cierto).
Iba andando por la calle, camino del metro, sorteando oficinistas y charcos de lluvia cuando me encuentro con un semáforo en rojo. Me paro y justo a mi derecha veo a un señor con gabardina, sombrero, gafas de sol (no, no era un detective de incógnito… mucho mejor) y un bastón blanco. ¡Un ciego! Dando (valga la redundancia) palos de ciego para llegar hasta el semáforo. Se había quedado entre un árbol y un coche, el pobre, con un bordillo altísimo a un lado y un charco como
el Atlántico en el otro. Total, me acerqué a él y muy educadamente (que es como hay que hacer estas cosas) le dije si quería que le ayudase a cruzar la calle. Me dijo que sí, que muy amable, y le agarré del brazo (como he aprendido a hacer gracias a las películas) y crucé con él por el paso de cebra. Reconozco que la gente me miraba con cara de envidia. ¿Acaso hay algo más de película que ayudar a cruzar a un ciego? Y luego seguí andando, feliz, sabiendo que, desde luego, había realizado mi Buena Acción del Día. Ya solo me faltaba que el más popular del instituto me invitase al baile...


sábado, 5 de abril de 2008

Primavera en Madrid


Una lista (me encantan las listas... no puedo evitarlo): el principio de la primavera.


1. El pruno de la entrada ya tiene flores.

2. Sales a la calle y huele casi a verano. Y de pronto llueve. Sale el sol otra vez.

3. Cambio horario. Vuelvo a levantarme a oscuras... pero cada vez se hace de noche más tarde... (¡qué gusto! ¡cuántas terrazas llenas! Todo Madrid está en la calle, y es martes. Y qué poco apetece estar en casa...)

4. Las golondrinas están otra vez en el garaje, revolucionadas, reconstruyendo otro año más el mismo nido. Cuando saco el coche, está todo sucio, pero dá igual.

5. Estoy contenta... no, ahora estoy triste... no, espera, contenta otra vez... y ahora cansada... ¡maldita ciclotimia primaveral!

miércoles, 2 de abril de 2008

Shhh



Los sabios eran gente de pocas palabras…

“Que tu lengua no corra por delante de tu pensamiento” (Quilón)





Eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras...

lunes, 31 de marzo de 2008


“Puedo resistir a todo, excepto a la tentación”

O. Wilde

miércoles, 26 de marzo de 2008

Desde Damasco

Aqui sigo... en la capital mas antigua del mundo (dicen)... entre Jordania, Libano y Iraq. Todo polvo y calor. Me lo estoy pasando muy bien, la verdad (aunque echo de menos una cerveza bien fria).
Un beso colectivo, y seguid siendo buenos hasta que vuelva!

jueves, 20 de marzo de 2008

lunes, 17 de marzo de 2008

Verídico. Hoy. Hace 20 minutos, aproximadamente:

Yo: Pase, buenas noches.
La señora en cuestión (la llamaré Ella, para abreviar): Buenas noches -con tono de voz bajito, bajito, como si estuviera en sus últimos momentos.
Yo: ¿Qué le ocurre?
Ella: Pues mire... resulta... que hoy fui al médico, al de la Seguridad Social -yo la miro con cara de póker... ESTO también es la seguridad social...- y me dio unas pastillitas, para el dolor de cabeza...
Yo: Continúe.
Ella: Y resulta que se me han pasado las molestias del embarazo.
Yo: ¿Quiere decir que ha dejado de notar al bebé?
Ella: No, no... es más bien que antes tenía molestias, en la tripa, al ponerme los pantalones me apretaban, cuando me subía las bragas -repito: verídico- la goma me molestaba aquí donde el ombligo, pero desde que me tomo eso me encuentro mucho mejor...
Yo: ...
Ella: ...
Yo: ¿Quiere decirme que ha venido a Urgencias, que lleva 2 horas esperando (y lo que le queda), para contarme que se encuentra mejor?
Ella: Sí -con vocecita de enferma terminal
Yo: ¿En serio?
Ella: Sí -con cara de preocupación pre-mortem
Yo (para mis adentros): ¿¿EN SERIO??
Yo (con cara de "escalera de color"): ¿Y qué es lo que le preocupa exactamente?
Ella: No volverme a encontar como antes...
Yo (comenzando a perder mi cara estática): A ver si nos entendemos, ¿usted ha venido al Hospital para ver si podemos conseguir que vuelva a encontrarse como antes, cuando se encontraba mal?
Ella: Efectivamente, doctora, efectivamente... ya casi me había acostumbrado.

Yo, me levanté de la mesa, la miré con cara de "full de ases", y directamente le señalé (eso sí, con toda educación), la puerta por la que había entrado...

sábado, 15 de marzo de 2008

De Madrid al cielo....


Sueños

Hoy he tenido un sueño tan real que cuando me he despertado parecía que seguía siendo verdad. He necesitado un segundo para darme cuenta de que ya se había pasado. Menos mal. He mirado al techo, he abierto la ventana, he bebido agua, y he dado gracias al cielo de que solo fuera un sueño.
He sido feliz.
Me he dado la vuelta en la cama, me he perdido debajo del edredón y me he vuelto a dormir. Ya sin sueños. Prefiero mi vida a mis imaginaciones. Lo que antes era la realidad ahora solo aparece en mi subconsciente. He ganado. Por fin…

miércoles, 12 de marzo de 2008

Francia

(...)
-Recuerdo haberle recordado que él estaba comprometido irremisiblemente con Cecilia.
-¿Eso era? -apuntó Ira.
-Solo quería asegurarme de que ella no se hacía ilusiones sobre el hecho de que su posible maternidad alterase la situación. No creo que se las hiciera. "Lo voy a echar de menos. Es un amante extraordinario", dijo. Y yo le respondí: "Francia está llena de amantes extraordinarios, Edith". Y ella me contestó con una especie de añoranza fingida: "Pero yo no estoy en Francia".
(...)
(Réquiem por Harlem, Henry Roth)

Propósitos

Hoy me he encontrado un papel en mi monedero, revolviendo para encontrar el metrobús, para ser más exactos (¿cómo demonios puede ser que ese trocito de cartón se me pierda todos los días? Y mira que intento ponerlo siempre en el mismo sitio…). El caso es que mientras veía cómo se iba el metro me he encontrado con una servilleta de un bar, doblada en cuatro trozos, la he abierto y me he dado de lleno con mis propósitos de fin de año. Bueno, de hecho, son mis propósitos en una columna, y los de J en la de al lado. Resulta que quedamos J y yo una noche, para arreglar el mundo, y a la cuarta cerveza en el FreeWay se nos ocurrió la genial idea de apuntarnos lo que teníamos que conseguir este año, para que no se nos olvidase. Acto seguido, lo escondí en mi cartera, creyendo que me lo volvería a encontrar con mis propósitos ya cumplidos.

Tres propósitos cada uno, tampoco hay que excederse. En la columna de J aparecen (sin orden de prioridad):
- Cambiar de curro (J sigue en el mismo trabajo, ya ni siquiera habla de buscarse uno nuevo).
- Bajo (creo recordar, entre vapores de alcohol, que se refería al instrumento musical, que quería comprarse uno nuevo… por supuesto, sigue tocando el mismo, pero todavía le quedan 9 meses por delante).
- Novia (seguimos saliendo mano a mano por los bares, y durmiendo solos, así que de novia, nada de nada).
A estas alturas del año: 0% de éxito. Fracaso total.

Mi columna ahora:
- Gimnasio (bueno, de hecho estoy apuntada a uno. En tres meses he ido… tres veces –si contamos la del día que fui a pagar-).
- Doctorado (en fin… prefiero ni pensarlo).
- Olvidar… y eso sí que lo he cumplido: ¡ya no recuerdo lo que tenía que olvidar!

Es evidente, en Noviembre seré una Doctora con músculos de acero… ¡¡lo último que se pierde es la ilusión!!

martes, 11 de marzo de 2008

Ya no

Ya no la echa de menos. Ya ha superado su falta constante. Ya ha visto que no volverá más. Ya no quiere que vuelva. Ahora el tiempo es suyo, ya no tiene hipotecas pendientes con la pena. No le debe nada, consiguió acabar con todas sus deudas (eran todas imaginarias, lo que las hace más difíciles de pagar).

Ya duerme tranquilo. Ya puede volver a soñar sin miedo a las pesadillas. Ya puede levantarse en mitad de la noche sin que la oscuridad le acose. Ya puede estar, simplemente estar, sin hacer, sin producir, sin retorcerse.

Vuelve a ser él otra vez. Vuelve a ser el que conocí. Es uno nuevo, es el de antes, el de siempre, el que he hacía tiempo no era. Ya puede volver a ser.

Y es tan feliz que no hay nada mejor en el mundo que observarle, durante horas, durante días, durante siglos. Porque sabe que nunca más, que ya no más.

jueves, 6 de marzo de 2008

Mentiras

-Créeme –le dijo- nunca te haré daño.
-Déjame –dijo ella- eso no me lo puedes prometer.
-Nunca lo haría –(nunca conscientemente).
-No te creo –(te creeré si me lo repites una vez más).
-Créeme, por favor –(sé que te convenceré).
-¿Me lo prometes? –(sólo dilo una vez más).
-Te lo prometo –dijo él.

Y le rompió el corazón.

viernes, 29 de febrero de 2008

Mi mañana

Hoy me he levantado sintiéndome mujer, muy mujer. No te equivoques, no de esas mujeres de “somos iguales”, “queremos trabajar y ascender en nuestra carrera”, “vamos a liderar el mundo”. No, no, me he levantado sintiéndome mujer de las que lideran de verdad el mundo, de las que hacen que los que aparentemente mandan puedan sobrevivir (sobrevivir por vivir con dignidad: comer, tener ropa limpia, ir con camisas planchaditas). Ese tipo de mujer. Vamos, que hoy, al despertarme, he tenido un arranque semi-marujil que no he podido refrenar. Digamos que tampoco he querido pararlo. De hecho, no lo he intentado ni por un segundo. Así que me he dicho a mi misma: “hoy vas a ser una auténtica ama de casa”.

Me he duchado (soy un ama de casa muy limpita), me he puesto el chándal (soy un ama de casa, por lo que se ve, muy poco arreglada), y he desayunado (soy un ama de casa que necesita energía). También he leído el periódico, claro, hay vicios que no se pierden por un arrebato.

Tengo que admitirlo, soy buenísima limpiando. No es que lo diga yo, tendrías que haber visto cómo he dejado la cocina. Estaba tan reluciente, tan brillante todo, que me he planteado empezar a cocinar en el salón, para no volver a ensuciarla jamás. A ver qué piensa mi compañera de piso…

He puesto una lavadora de toallas (solo toallas). Las he colgado como si me fuera la vida en ello. Y he estado a punto de poner Radio Olé mientras tendía. En este punto ya estaba metida 100% en mi papel.

De camino al super me he planteado dejar de trabajar y buscarme a alguien que me mantenga, y poder dedicar mi tiempo a mis labores domésticas. Luego he pensado que no me compensa, que mejor sigo trabajando y gano el no tener que soportar a nadie más de lo estrictamente necesario.

He hecho la compra, y he metido en el carro cosas que sé que jamás cocinaré, pero que quedaban tan bien que no me podía contener. Cuando parecía que ya no quedaba más sitio para meter puerros, lentejas, acelgas y yogures variados, he ido a la sección “detergentes” y he cogido el suavizante más grande que he visto. Vale, también me he cargado de cervezas, porque sé que el arranque de responsabilidad no iba a durar más de unas horas, y no creo que sea capaz de comerme un puerro si no es con tres cervezas antes.

Cuando he llegado a casa me he encontrado con mi portero, Mariano, que es sin ninguna duda la persona que más veo a lo largo de la semana. Hemos estado hablando media hora, en la calle, con el solecito de frente y el carrito de la compra delante. No te pienses que mi Mariano es de esos que te hablan del tiempo y de cotilleos. No, mi Mariano es un filósofo moderno. De hecho, para mí es como un segundo padre, que me manda a casa a tomarme una aspirina cuando llego con cara de gripe, me manda a la cuando llego de guardia con cara de agotamiento, me mira con cara de preocupación cuando llego de salir y me lo encuentro barriendo, me dice que “los hombres van a lo que van, no te fíes nunca, una chica tan lista como tú…”. Hoy la conversación ha sido sobre los amores adolescentes que acaban por ser los eternos, y sobre las parejas de hecho, que, de hecho, son casi más parejas que las otras. Ya, yo tampoco lo entendí en su momento. Al cabo de un rato, me ha invitado a una cerveza, y yo le he dicho que no, que me subía a pasar la aspiradora, pero que muchas gracias y que lo dejábamos para otro día.

He subido a mi casa, he descargado mis compras. He limpiado el salón, y me he hecho la comida (en la cocina). Después de cocinar, se me han pasado las ansias de mujer. He dejado todo hecho un desastre, mucho peor de lo que estaba esta mañana.

Y encima se me ha olvidado avisar de que no iba a trabajar… de esta me echan fijo…

jueves, 28 de febrero de 2008


Segundo encuentro con el cura del tercero

La segunda vez que vi al cura del tercero fue llegando al portal. Los dos entrábamos, él estaba abriendo la puerta y yo llegué después. Es inconfundible, incluso cuando en vez de sotana va vestido de negro, no hay muchos vecinos que lleven alzacuellos para salir a la calle (no tengo ni idea de lo que harán en la intimidad de sus casas). Abrió la puerta y me dejó pasar primero (ya dije que era muy educado, no?). Aunque estábamos en noviembre y evidentemente no hacía mucho calor, el cura sudaba como si viniera de correr la maratón. Debe ser el peso de conocer todos los pecados ajenos, digo yo, o la concentración de los rezos, o cualquier otra cosa relacionada con la santidad (lo que me hace plantearme… cuando la gente habla de “olor a santidad”, ¿a qué se refiere, exactamente?). El caso es que afortunadamente el ascensor ya estaba en el bajo, y nos subimos rápidamente. No sé de donde venía yo, pero algo debía haberme pasado esa tarde, porque en el rato que subimos los 3 pisos lo único que podía pensar era en decir algo muy, muy malo. Algo tan malo, tan malo, que le cortase el sudor al cura en el momento. Gracias a Dios (que debía de estar con nosotros en el ascensor), llegamos al 3º, el cura se bajó resoplando educadamente, y yo seguí hasta el 5º, rezando en silencio un padrenuestro por mis malas intenciones. Últimamente he subido andando los 5 pisos, en señal de penitencia.

martes, 26 de febrero de 2008

Hospital...

Esto puede parecer ocurrencia, pero no nos engañemos, ni yo soy tan ocurrente ni tan mentirosa (mmm, dejémoslo en que no soy tan ocurrente). Verídico:
- Doctora –mientras cierro la puerta de la consulta- tiene que verme. Es una urgencia. No, no, no… es una EMERGENCIA.
- Bueno, Urgencias está en la primera planta. Igual debería ir ahí –la tipa tiene pinta de desequilibrada. Es evidente que por lo menos le faltan 10 minutos de microondas, o por lo menos, desengancharse de las drogas.
- En serio. TIENE que verme.
- ¿Pero qué le pasa? ¿Qué es tan urgente? Porque no tiene cita –una excusa pésima, pero una excusa, al fin y al cabo.
- Esto… en fin… es que estoy embarazada –miro la tripa, no siempre de fiar, pero por lo menos es algo. Delgada como el palo de una escoba. Muy embarazada no debe estar, pero por si acaso…
- ¿Se ha hecho un test?
- ¡POR SUPUESTO que no! –“claro”, pienso yo, “¿para qué?”, y pregunto…
- ¿Y cómo lo sabe?
- LO SÉ. Las mujeres SABEMOS esas cosas –“me estoy metiendo en un lío”, pienso yo, “esta es de las que SABE”.
- ¿Y cuál es el problema? –pregunto yo, sin estar muy segura de querer saber la respuesta
- Esta tarde me van a hacer unas pruebas, y si estoy embarazada no me las pueden hacer. Y estoy embarazada. Y no me las debería hacer. Pero me las tienen que hacer. Pero estoy embarazada. Y me las van a hacer. Así que NECESITO una ecografía. Y si me la hace ya SABRÉ que estoy embarazada, y podrán no hacerme las PRUEBAS. Y necesito que me la haga…

Corto la conversación. Me paro a pensar. Hay dos opciones:
Opción A: la mando a… a su ambulatorio (soy una señorita, ante todo educación… aunque reconozco que tengo tentaciones de mandarla a otro sitio. Tengo hambre y quiero irme. Estoy sola en la consulta, de hecho, la enfermera debe estar a estas alturas tomándose el postre).
Opción B: le hago la ecografía y me quito de líos.
Evidentemente no quiero aparecer en el periódico en la sección “Sucesos” (encuentran a una joven vestida con pijama verde en un vertedero, en trocitos pequeños, con varios muñecos de vudú a su alrededor), así que elijo “Opción B” y le digo que entre, sin cerrar la puerta. Rezo por que pase alguien por el pasillo y se quede con la cara de la otra. Por si acaso, dejo mi tarjeta del hospital en la mesa de la enfermera, para que me recuerden tal y como era…
-Bueno… vamos a ver. Súbase un POQUITO la camiseta, y vemos si hay embarazo… aunque yo le recomiendo que vaya a su ambulatorio a hacerse la prueba de embarazo, que la ecografía no es fiable al 100%. –En fin, no voy a convencerla, pero por lo menos voy a aburrirla
-Gracias, gracias, gracias, gracias…
-De nada, mujer. Mmmm, a ver… -cojo el ecógrafo, pongo gel, miro, y lo único que veo es un útero VACÍO, ni embarazo ni nada de nada- pues… -¿cómo se lo digo? Ella lo “sabe”. Cambio de tema (y sigo rezando para que aparezca alguien, de pronto me he vuelto MUY creyente) -¿Y de qué son esas pruebas que tienen que hacerle?
-No sé, no sé. Es de una enfermedad, pero ya la pasé. Ya estoy bien. Estaba enferma, pero ya no. Estoy bien, muy bien –“evidente”, pienso yo, “muy bien”.
-Cuénteme…
-Tuve –literalmente, verídico- ENCICLOPEDIA PARANOIDE
Soy capaz, a dura penas, de contener una carcajada, y le digo:
-Pues me alegro de que esté curada, pero aquí no hay embarazo.

lunes, 25 de febrero de 2008


Hoy te he seguido

No te engañes, esto no es una confesión. Hoy me he cruzado contigo por la Gran Vía. Tan como siempre, tan como en mis recuerdos, tan normal y a la vez tan especial. No me has visto, no me has sentido, tú, que decías que tenías un sexto sentido, y que notabas mi presencia, que eras capaz de olerme a kilómetros. Me lo creí en su momento, ahora sé que no era verdad, y me alegro, me alivia.
He esperado a que te alejaras, y como si el impulso viniera de fuera, me he dado la vuelta y te he seguido. Te he mirado andar, te he visto pararte en un quiosco, comprar lotería, tú, que no creías en la suerte. Has entrado en un banco, has vuelto a salir. Has comprado caramelos de menta y una cocacola. Te has revisado los bolsillos de la chaqueta tres veces, para confirmar que la cartera seguía ahí. Siempre has sido tan maniático…
Y cuando pasábamos por delante de la estatua de Neptuno, llegando a tu casa, me he dado cuenta de que ya no quería seguirte más. Y me he ido.